Viña del Mar, 8 de febrero de 2022.

DESVARÍO

Señor Director:

Si acaso la mayoría de los convencionales constituyentes persistiere en el desvarío que han venido mostrando al proponer cambios disruptivos e innovaciones radicales —que llaman a destruir el orden existente y la institucionalidad actual— y normas quiméricas apartadas del sentido común, inviables, incoherentes, pueriles (en la Convención “reina una locura infantil” señaló Evelyn Matthei) y con una lógica totalitaria, es probable que en el plebiscito de salida los ciudadanos rechacen el texto de nueva Constitución propuesto por la Convención Constitucional. 

        Hay personas que dicen que en caso de fracasar el proceso constituyente en curso o de ganar el “Rechazo” en dicho plebiscito, Chile sería arrastrado “hasta un oscuro punto sin retorno” y que “el país quedaría en tierra de nadie”.

        Discrepo absolutamente con tales asertos ya que en tales casos continuaría vigente la Constitución actual; Carta Magna que podría ser reformada por el Congreso que es el titular del poder constituyente derivado y que nunca ha perdido ni ha renunciado a tal potestad. En virtud de tal potestad podría reformar el artículo 142 que se refiere al plebiscito de salida y establecer alguna norma que suprima la rigidez de las alternativas “Apruebo” y “Rechazo” a las que estarían constreñidos los ciudadanos en dicho plebiscito.

Al respecto, he propuesto reemplazar las preguntas establecidas en el referido artículo por las siguientes: ¿Aprueba usted el texto de nueva Constitución propuesto por la Convención Constitucional?; ¿Aprueba usted mantener el texto de la Constitución actualmente vigente?; ¿Aprueba usted el texto propuesto por la presidente Bachelet? (en su mensaje ingresado al Senado el 6 de marzo de 2018).

Esta última opción podría ser aceptable para los ciudadanos a quienes no los satisfaga ni el texto propuesto por la Convención ni continuar con la vigencia de la Constitución de 1980 y los incentivaría a participar en un referéndum que a todas luces sería más democrático.

Si ninguna de las tres opciones alcanzare la mayoría absoluta, sería preciso realizar una segunda vuelta entre las dos más votadas a fin de asegurar legitimidad y considerando que la que obtuviere una mayoría relativa no sería “la casa de todos”.

                             Atentamente le saluda.

                                                                              Adolfo Paúl Latorre

                                                                                      Abogado

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